#ElPerúQueQueremos

foto: anibal tafur

Ocho años no son nada, amigo.

"Tan grande como un dios, yo voy a verte"

LFC

Publicado: 2019-08-22


Recuerdo el año 2003 como si fuese ayer, la efervescencia del pensamiento, de la locura, de la libertad. Entre ese mar de emociones apareció un personaje que lo cambió todo para mi, y que hoy, 8 años después de su partida sigue estando presente.

Son las 7pm de un día lunes, me llega una notificación al chat; es un amigo contándome que irán a visitar a Leo, que se juntarán en casa de Gustavo para ir en grupo a verlo. Me emociono, porque llevo tiempo sin saber de ellos, y porque por alguna razón (que aún no he llegado a profundizar) nunca me atreví a visitar el cementerio. Nos encontramos una hora después de lo pactado, como en los viejos tiempos. Me comentan que llevarán cosas para "pasar el día", algo de picar, tomar y lo más importante: música que escuchar.

Bromeamos un poco, quizás para bajarle lo emocional al asunto, o simplemente porque estábamos felices de vernos y de ir con Leo. Camino a nuestro destino me percato que han pasado demasiados años, que nuestras vidas se han ido por caminos completamente distintos, que algunos viajamos a otros países, volvimos, y que otros casi lucharon con dragones, que la vida de adultos no tiene los colores que imaginábamos, pero que a pesar de todo, estamos aquí, camino a visitar a nuestro amigo.

Llegamos a la puerta del cementerio, pasamos de largo como invitados vip, nos detiene el vigilante del lugar, nos dice que está cerrado, que los días de visita solo son fines de semana y feriados, que lamenta mucho esto pero son las normas dadas. Llega Tito a salvarnos el día con su iluminada habilidad de convencimiento y logra hacer que nos den treinta minutos en el paraíso, treinta minutos con Leo.

Entramos asombrados conversando de lo pacífico que se ve el lugar, y una vez más, bromeando, de que ojalá y no nos toque ver nada “extraño”. Caminamos un poco, deseándole suerte a la memoria de Tito, pues ha sido el único de los cuatro que ha repetido esta visita. “Aquí es” suelta con completa seguridad. Levanto la vista y veo una lápida que no parece tener ocho años, y por primera vez caigo en cuenta que no tenía idea del segundo apellido de Leonardo.

Sacan una botella de pisco, tiran un poco al suelo como en señal de respeto o quizás simplemente para darle un tono ceremonial al momento, brindamos, sonreímos y comentamos cosas absurdas como lo kitsch de la decoración, las flores neones y las lápidas coloridas tratando de resaltar entre el cemento pulido y el poco césped casi marrón del lugar. Pongamos música dice Jorge, y al unísono se escucha un “ya”. Pensamos en que canción querría escuchar Leo, de pronto éramos cinco escuchando Coil, sin dudarlo era evidente que podría ser una tarde cualquiera en un lugar cualquiera con Leo. En esos treinta minutos, si que pasaron cosas extrañas, como encontrar restos de droga en un pequeño paquete en el suelo, y que luego terminará en un recipiente que parecía contener restos de sangre, pero por alguna razón nada nos perturbó, quizás esperábamos algo al estilo Bacteria y el nos lo dio.

Salimos felices de haber logrado nuestro cometido, y decidimos volver a pie. En el camino se nos cruzó un perro de la calle bastante grande, que parecía estar extremadamente feliz y tranquilo como para tener que soportar lo inclemente que es la ciudad, nos siguió varias cuadras, como guiándonos hacia un destino importante y de un momento a otro, desapareció.

Tratando de entender mis emociones despertadas de esa experiencia, me quedé con los chicos conversando, comiendo y bebiendo, porque ¿qué otra forma mejor existe de terminar una tarde?.

No puedo decir que Leo fue una persona sencilla, tampoco alguien a quien todos adorasen, pero sí puedo decir que Leonardo Bacteria es único e irremplazable, y que tiene amigos que hasta el día de hoy lo recordamos, que nos ha marcado, que sus pasos fueron siempre firmes y si el mundo no lo supo ver, nosotros si.

Ocho años no son nada, amigo.





Escrito por

Diana Guarderas

Sigo siendo una más de japón. En Twitter: @dianaguarderasu


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